domingo, 2 de mayo de 2010

Epílogo

"Quan diposites una fe cega en algú altre pequè el creus capaç de fer alguna cosa, li estàs donant alhora la força per a conseguir-ho. Per ajudar els altres sobren el consells. N'hi ha prou d'expressar la confiança que aquest altre té l'energia, la capacitat i la intel.ligència per aconseguir el que es proposi. Estaré eternament agraïda a les beques de La Caixa per haver-me donat aquesta força, perquè si realment era en mi també és cert que era directament proporcional als meus dubtes. Em van donar una empenta enorme perquè les pors més ocultes no entropissin el meu camí. L'excés de modèstia és tan perniciós com la total absència d'aquesta. Tant dolent és no ser crític am un mateix com viure en la crítica permanent"
Màster a Manhattan
Memòria accidentada d'una becària a Nova York
Eva Domínguez

domingo, 14 de febrero de 2010

Palabras bonitas

El psicólogo Richard Wiseman, invitado de Punset, dice por la tele que los ataques verbales que dirigimos hacia alguien pueden quedar grabados en la mente del agredido para toda la vida. Para compensar su efecto perjudicial tendríamos que hacer cinco comentarios positivos por cada uno de los negativos. Hay que pensárselo bien antes de lanzar a alguien el dardo de la palabra, y no precisamente el de Lázaro Carreter. Sobre todo si esa persona nos importa de verdad. Luego no nos extrañemos de que no nos quieran coger el teléfono, nos ignoren, nos rehúyan o abiertamente nos desprecien.

Muchas amistades han fenecido por un comentario malintencionado en el momento más vulnerable del destinatario, muchas relaciones familiares se rompieron sin remedio por una crítica feroz o irrespetuosa, porque donde hay confianza da asco y en las distancias cortas hacen más pupa.

Seguramente yo debo palabras amables a mucha gente, pero tengo la impresión de que si hiciéramos cuentas tendría que recibir el doble de las que diera. Igual que las mujeres maltratadas reinciden al elegir parejas violentas a lo largo de su vida, me confieso reiterativa en lo de las agresiones verbales; como sufridora, se entiende. Anoche alguien contrajo conmigo una deuda de al menos quince palabras bonitas y, como la esperanza es lo último que se pierde, estaré pendiente de cualquier manifestación que sirva para saldarla. Cualquier inocente piropo, cualquier ofrecimiento educado será bienvenido y agradecido.

Advierte Wiseman que estas embestidas orales dejan una secuela de resquemor en la víctima que no es más que un mecanismo natural de defensa. Me quedo aliviada, ya no me siento una mala persona enferma de resentimiento. En realidad ese "ahí te pudras", repetido mentalmente a lo largo del día, es necesario para curar la herida, y borrar un nombre de la agenda del móvil, la purga que depura después de la resaca.

lunes, 25 de enero de 2010

L'élégance de l'hérisson

"Exceptuando a Cornélia Meurisse, sus velos y sus rosarios, la enfermedad de Lucien no le pareció a nadie algo digno de interés. Los ricos piensan que la gente modesta, quizá porque su vida está enrarecida, privada del oxígeno del dinero y el don de gentes, siente las emociones humanas con una intensidad menor y una mayor indiferencia. Dado que éramos porteros, parecía darse por hecho que la muerte era para nosotros una evidencia en el curso de las cosas, mientras que, para aquellos a los que la fortuna había sonreído, habría revestido el hábito de la injusticia y el drama. Un portero que se extingue es un ligero hueco en el transcurso de la vida cotidiana, una certeza biológica que no lleva asociada ninguna tragedia y, para los propietarios que se cruzaban con él todos los días en la escalera o ante la portería, Lucien era una no existencia que volvía a una nada que nunca había abandonado, un animal que, porque vivía una semivida, sin fasto ni artificios, en el momento de la muerte sin duda debía experimentar sólo una semirrebelión. El hecho de que, como todo el mundo, pudiéramos vivir un infierno y que, con el corazón encogido de rabia a medida que el sufrimiento arrasaba nuestra existencia, acábaramos de descomponernos, en el tumulto del temor y del horror que la muerte a todos inspira, no se le pasaba siquiera por la mente a nadie en aquel lugar".

La elegancia del erizo. Muriel Barbery.