domingo, 14 de febrero de 2010

Palabras bonitas

El psicólogo Richard Wiseman, invitado de Punset, dice por la tele que los ataques verbales que dirigimos hacia alguien pueden quedar grabados en la mente del agredido para toda la vida. Para compensar su efecto perjudicial tendríamos que hacer cinco comentarios positivos por cada uno de los negativos. Hay que pensárselo bien antes de lanzar a alguien el dardo de la palabra, y no precisamente el de Lázaro Carreter. Sobre todo si esa persona nos importa de verdad. Luego no nos extrañemos de que no nos quieran coger el teléfono, nos ignoren, nos rehúyan o abiertamente nos desprecien.

Muchas amistades han fenecido por un comentario malintencionado en el momento más vulnerable del destinatario, muchas relaciones familiares se rompieron sin remedio por una crítica feroz o irrespetuosa, porque donde hay confianza da asco y en las distancias cortas hacen más pupa.

Seguramente yo debo palabras amables a mucha gente, pero tengo la impresión de que si hiciéramos cuentas tendría que recibir el doble de las que diera. Igual que las mujeres maltratadas reinciden al elegir parejas violentas a lo largo de su vida, me confieso reiterativa en lo de las agresiones verbales; como sufridora, se entiende. Anoche alguien contrajo conmigo una deuda de al menos quince palabras bonitas y, como la esperanza es lo último que se pierde, estaré pendiente de cualquier manifestación que sirva para saldarla. Cualquier inocente piropo, cualquier ofrecimiento educado será bienvenido y agradecido.

Advierte Wiseman que estas embestidas orales dejan una secuela de resquemor en la víctima que no es más que un mecanismo natural de defensa. Me quedo aliviada, ya no me siento una mala persona enferma de resentimiento. En realidad ese "ahí te pudras", repetido mentalmente a lo largo del día, es necesario para curar la herida, y borrar un nombre de la agenda del móvil, la purga que depura después de la resaca.

No hay comentarios: