domingo, 12 de abril de 2009

English lessons

En este momento tengo tres profesores de inglés al mismo tiempo. De esto cualquiera podría deducir dos cosas, la primera que debo de dominar bastante bien el idioma de Shakespeare, y la segunda que soy una potentada y me gasto una fortuna con tanta clase.

Ni una cosa ni la otra. A la única que pago directamente sus honorarios es a I., mi profe particular, con la que hablo en la penumbra de la biblioteca o entre el desorden de la sala de la fotocopiadora en el trabajo. Los otros dos pertenecen a dos mundos bien distantes; uno desde un curso avanzado y el otro desde la consolidación oral de un preintermedio, hacen de mi desnivelada vida estudiantil una esquizofrenia curiosa, reconozco que a veces hasta graciosa.

El primero de ellos, vamos a llamarlo X, que ostenta la figura de mero examinador y entregador de fotocopias en un centro oficial, me ignora, mientras que Y, que está contratado por la empresa para aumentar nuestra habilidad oral sin calificaciones de por medio, se interesa cuando falto a clase y pregunta por mí a mis compañeras de pupitre. En las clases de X soy una oyente casi autista y sólo contesto cuando se me pregunta. Me entero del 20% de lo que pasa en el aula e intento seguir como puedo el ritmo de los demás. En las de Y el nivel es mucho más bajo y mi participación y autoestima mayor. Intento compensar aquí lo que por vergüenza y miedo no hago allá.

¿Que cómo van mis progresos en inglés? Pues, como no podía ser de otra forma, lentos pero seguros. Las dos personas que hay en mí, como los dos enseñantes, trabajan a destiempo y esto ralentiza el aprendizaje. De momento hemos mejorado en la composición escrita y en la gramática, pero un tapón mental me impide identificar los sonidos de la fonética inglesa que se expanden por el aire, ya sea de forma directa o a través de una grabación.
El día que se caiga ese tapón seré un poco más feliz; quizá ese día el examinador, X, y el afianzador, Y, resulten equivalentes a ambos lados de la ecuación y acabe esta doble vida que llevo. Entonces sentiré que estoy, por fin, en el lugar adecuado.

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