miércoles, 25 de junio de 2008

La fotogenia del football

No me gusta el fútbol, es más, me cansa. Visualmente es poco estético, se ven unos hombrecillos corriendo en un campo enorme. Prefiero los deportes más artísticos como el patinaje, la natación sincronizada o saltos de trampolín, donde esbeltos y jóvenes atletas realizan piruetas impresionantes desafiando la gravedad y el instinto de conservación de la especie. Pero como estamos en la eurocopa el deporte rey vuelve a monopolizar los medios de comunicación.

Mientras hacía un rato de bicicleta estática, aproveché para ver el final del partido España-Italia y me sorprendí queriendo que ganara nuestra selección para que Aragonés se llevara una alegría. La imagen en chándal de un hombre que oficialmente ha entrado en la senectud, preocupado y expectante, en contraste con un italiano más joven y trajeado generó en mí un inexplicable sentimiento de ternura. Más tarde, en la rueda de prensa, confesó que un sms de su nietito lo había emocionado especialmente. Y ayer, en el telediario de T5, el periodista quiso sonsacarle qué decía ese mensaje. Aragonés, muy lúcido él, dijo que se lo reservaba. ¡Pues claro!, no va a decir a millones de espectadores lo que un niño de diez años le ha dicho cariñosamente en un momento efusivo.

Estas cosas tan íntimas pueden resultar ridículas expuestas a los demás. Con frecuencia se sacan de contexto y se tergiversa el sentido. Cómo explicar si no lo de Carla Bruni. Oigo cómo la critica un locutor de radio porque la primera dama ha declarado que se siente como una niña a pesar de tener 40 años y 30 amantes. Pienso ¡qué estúpida!. Después me entero de que es la letra de una de sus últimas canciones:

Je me sens comme une enfant,
malgré mes quarante ans
et mes trente amants.


Parafraseando la letra de otra canción va a ser que no es lo mismo.

martes, 17 de junio de 2008

Ricos y delgados

Aunque oficialmente el verano no empieza hasta el 21 de junio, este último fin de semana las lluvias nos han dado una tregua y han dejado que el sol empiece a calentar discretamente. Así empezamos un año más los meses de la canícula, con los pantanos llenos y los bolsillos vacíos por esto de la desaceleración y el aumento del precio de los carburantes, que se han puesto por las nubes.

Inauguré ayer la nueva estación estrenando unas sandalias relucientes que dejaban ver unos pies todavía tiernos y níveos, marcados por las rozaduras del calzado de invierno. Y me he lanzado a las tiendas a buscar ropa desesperadamente porque unos kilos de más se han instalado en mi barriga insidiosamente. Una pequeña prominencia que, obstinada, se resiste a desaparecer a pesar de dietas, masajes y ejercicios varios.

Oigo en la radio que, paradójicamente, los países pobres empiezan a ser carne de cañón para la obesidad. La comida basura, con sus grasas saturadas y sus bajos precios, inundan las alacenas de hogares, bares y restaurantes de todo el mundo. Incluso se especula que muy pronto dejaremos de ver niños africanos con el vientre abultado por la hambruna para dar paso a una generación de negritos con sobrepeso mórbido y arterias cargadas de colesterol asesino.

Dicen que es en los hoteles de lujo donde los clientes gastan menos en comida y Estados Unidos ha establecido un nuevo criterio para determinar la clase social, la talla, que ha de ser inversamente proporcional a la cuenta corriente del sujeto en cuestión.

Ante este estado de cosas sólo nos queda disfrutar mientras podamos de la dieta mediterránea, no vaya a ser que dentro de poco comerse una lechuga o un plato de verdura se convierta en un lujo sólo al alcance de unos privilegiados, obscenamente delgados y saludables en medio de una chusma oronda y vulgar.

jueves, 12 de junio de 2008

Los libros de Asne

Äsne es una mujer joven, lista y valiente. Nació hace treinta y ocho años en Noruega y a los veintipocos empezó a trabajar como periodista en países como Rusia (estudió Filología Rusa y Filosofía) o China.

La televisión pública de su país emitía los reportajes que esta periodista enviaba desde Serbia, Irak, Afganistán, o cualquier otra parte del mundo en conflicto. Sus crónicas televisivas de unos cuantos minutos han cubierto con creces durante años las necesidades de información de la mayoría de los espectadores que, acomodados en su sofá, la veían microfóno en mano sorteando bombas. Pero ella, en su afán didáctico, se ha propuesto ayudarnos a comprender porqué pasan esas cosas y cómo son los seres humanos que las sufren.

De momento ha escrito cuatro libros, el primero El librero de Kabul, un best-seller que la ha hecho famosa en todo el mundo; después vinieron De espaldas al mundo, Ciento y un días y el Ángel de Grozni, todos ellos publicados en España por la editorial Maeva.

Ahora, esta recia mujer nórdica está a punto de dar a luz y anuncia que "ya es hora de dejar de vivir la vida de los otros para formar una familia". Va a dejar un vacío muy grande en el reporterismo de guerra, pero seguro que la disfrutaremos en cualquier otro campo del periodismo. Porque Äsne Seierstad es un ejemplo en esta profesión tan denostada, tan devaluada a causa de la falta de escrúpulos de algunos que sólo buscan en ella dinero, fama o hacer política por la puerta de atrás. Su honestidad y su valentía a la hora de exponer la valiosa información que consigue arriesgando a veces su vida y esa implicación emocional con las personas que le abren sus casas, aunque no comparta con ellas sus puntos de vista, la convierten en un valioso referente. Una excepción en un oficio que se corrompe con amorales e interminables programas de cotilleo donde a los periodistas se les llena la boca y se les hincha la vena diciendo que hacen "periodismo de investigación".

El pasado marzo estuvo en España presentando su último libro y Periodista Digital aprovechó el momento para hacerle esta entrevista donde se esforzó en hablar el español que aprendió en un viaje de adolescencia a Méjico.



miércoles, 11 de junio de 2008

El año polar

La tripulación del Endurance permaneció atrapada 9 meses en Isla Elefante sin más compañía que una colonia de focas con las que compartieron días rodeados de océano, hielo y un horizonte vacío. Esperaban pacientemente que su patrón viniera a rescatarles de una muerte que los periódicos ingleses daban ya por segura.
Era noviembre de 1915 en plena Antártida, lejos de una Europa donde ya había estallado la primera guerra mundial.

Un año antes, Sir Ernest Shackleton había reclutado voluntarios en Inglaterra a través de anuncios en la prensa para llegar al polo Sur. La expedición fracasó, pero aquellos hombres han pasado a la historia gracias a su resistencia, paciencia y a la personalidad de su explorador jefe, para quien lo prioritario siempre fue la supervivencia de su tripulación.

El barco, a pesar de su nombre, no aguantó el deshielo y se hundió en el océano. Tuvieron que refugiarse en Isla Elefante mientras Shackleton partía con seis de sus mejores hombres para buscar ayuda en la isla ballenera de San Pedro, donde llegaron en un estado lamentable dispuestos a recuperarse y salir cuanto antes en busca de sus amigos.

Después de tres intentos fallidos, en mayo de 1917 y gracias a la ayuda del gobierno chileno, volvió a por ellos. Cuando se acercaban a tierra, sir Ernest contaba con avidez el número de siluetas que se veían a lo lejos, quería comprobar que estaban todos y sólo cuando desembarcó y pudo confirmarlo respiró tranquilo.

Resistencia fue el nombre elegido para el barco y Paciencia uno de los campamentos que montaron sobre el hielo mientras esperaban que el calor de la primavera les permitiera volver a navegar en sus pequeños botes. Seguramente ninguno de ellos pensó antes de partir de las costas británicas que necesitarían un buen acopio de ambas.

Este año se celebra El Año Polar Internacional con la intención de difundir el conocimiento de los Polos y coordinar las investigaciones de diferentes países. Es por ello que la hazaña de Shackleton vuelve a recordarse en todo el mundo con películas, documentales y los vídeos y fotos que uno de los tripulantes del Endurance, el fotógrafo australiano Frank Hurley, hizo de la expedición. Una de esas fotos ilustra esta entrada, pero merece la pena verlas todas porque se trata de una documentación gráfica impresionante por sí sola y más si se tienen en cuenta las circunstancias en las que se tomaron las imágenes; Hurley tenía que derretir trozos de hielo para conseguir agua para el revelado. Son instantáneas tan bellas que parecen postales retocadas y que han ayudado a mantener viva la leyenda de este viaje y a reconocer a sir Ernest no sólo desde el punto de vista de la ciencia o el deporte, sino sobre todo por los valores morales que demostró en vida. Su extremada responsabilidad para con la tripulación a la que vigilaba y cuidaba constantemente, su aguante y aplomo ante situaciones críticas, sus denodados esfuerzos por infundir optimismo en los demás lo hicieron muy querido y respetado por sus subordinados. Posiblemente, la hazaña habría terminado de manera mucho más trágica sin estas valiosas cualidades.

Mi admiración hacia él empezó hace dos años, cuando vi un documental sobre su viaje en l'Hemisfèric de Valencia. Me reconforta pensar que en cualquier época podemos encontrar personas así. Gente anónima que trata a los demás con la dignidad que cualquier ser humano se merece, independientemente de su condición social, raza, religión o estado físico o mental. En momentos difíciles en tierra firme es bueno recordar que con resistencia, paciencia y honestidad se pueden conseguir cosas increíbles.