miércoles, 11 de junio de 2008

El año polar

La tripulación del Endurance permaneció atrapada 9 meses en Isla Elefante sin más compañía que una colonia de focas con las que compartieron días rodeados de océano, hielo y un horizonte vacío. Esperaban pacientemente que su patrón viniera a rescatarles de una muerte que los periódicos ingleses daban ya por segura.
Era noviembre de 1915 en plena Antártida, lejos de una Europa donde ya había estallado la primera guerra mundial.

Un año antes, Sir Ernest Shackleton había reclutado voluntarios en Inglaterra a través de anuncios en la prensa para llegar al polo Sur. La expedición fracasó, pero aquellos hombres han pasado a la historia gracias a su resistencia, paciencia y a la personalidad de su explorador jefe, para quien lo prioritario siempre fue la supervivencia de su tripulación.

El barco, a pesar de su nombre, no aguantó el deshielo y se hundió en el océano. Tuvieron que refugiarse en Isla Elefante mientras Shackleton partía con seis de sus mejores hombres para buscar ayuda en la isla ballenera de San Pedro, donde llegaron en un estado lamentable dispuestos a recuperarse y salir cuanto antes en busca de sus amigos.

Después de tres intentos fallidos, en mayo de 1917 y gracias a la ayuda del gobierno chileno, volvió a por ellos. Cuando se acercaban a tierra, sir Ernest contaba con avidez el número de siluetas que se veían a lo lejos, quería comprobar que estaban todos y sólo cuando desembarcó y pudo confirmarlo respiró tranquilo.

Resistencia fue el nombre elegido para el barco y Paciencia uno de los campamentos que montaron sobre el hielo mientras esperaban que el calor de la primavera les permitiera volver a navegar en sus pequeños botes. Seguramente ninguno de ellos pensó antes de partir de las costas británicas que necesitarían un buen acopio de ambas.

Este año se celebra El Año Polar Internacional con la intención de difundir el conocimiento de los Polos y coordinar las investigaciones de diferentes países. Es por ello que la hazaña de Shackleton vuelve a recordarse en todo el mundo con películas, documentales y los vídeos y fotos que uno de los tripulantes del Endurance, el fotógrafo australiano Frank Hurley, hizo de la expedición. Una de esas fotos ilustra esta entrada, pero merece la pena verlas todas porque se trata de una documentación gráfica impresionante por sí sola y más si se tienen en cuenta las circunstancias en las que se tomaron las imágenes; Hurley tenía que derretir trozos de hielo para conseguir agua para el revelado. Son instantáneas tan bellas que parecen postales retocadas y que han ayudado a mantener viva la leyenda de este viaje y a reconocer a sir Ernest no sólo desde el punto de vista de la ciencia o el deporte, sino sobre todo por los valores morales que demostró en vida. Su extremada responsabilidad para con la tripulación a la que vigilaba y cuidaba constantemente, su aguante y aplomo ante situaciones críticas, sus denodados esfuerzos por infundir optimismo en los demás lo hicieron muy querido y respetado por sus subordinados. Posiblemente, la hazaña habría terminado de manera mucho más trágica sin estas valiosas cualidades.

Mi admiración hacia él empezó hace dos años, cuando vi un documental sobre su viaje en l'Hemisfèric de Valencia. Me reconforta pensar que en cualquier época podemos encontrar personas así. Gente anónima que trata a los demás con la dignidad que cualquier ser humano se merece, independientemente de su condición social, raza, religión o estado físico o mental. En momentos difíciles en tierra firme es bueno recordar que con resistencia, paciencia y honestidad se pueden conseguir cosas increíbles.

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